Caminado en la noche de Coyhaique. Cuando la ciudad se va a dormir.

Pedro Castillo Riffo
Director Colegio Alianza Austral

 

La farmacia de turno recibe a los angustiados clientes de un remedio urgente y necesario o de aquel encargo olvidado de muy temprano, el viento y la lluvia toman posesión del paseo Horn, los restoranes reciben a sus clientes ávidos de un traguito y una comida caliente, sus luces iluminan la calle reflejando como en un espejo la humedad en los pisos mojados de la vía peatonal, los perros buscan un improvisado refugio mientras la mayoría de los habitantes de este terruño al sur del mundo han terminado sus turnos. Del centro cultural se escuchan comentarios a la salida de un evento para aquellos que optaron por una velada cultural, siempre algo escasas en nuestra ciudad. Comienza a llover, e invitados forzosamente por el manto frío de la noche que cubre la ciudad, la mayoría se retira a sus casas mientras otros inician recién su jornada, pronto se encienden televisores y el fuego de las estufas asoma por la chimeneas, las dueñas de hogar, han iniciado los preparativos para el día siguiente que para algunos comienzan temprano, los puestos de comida rápida no claudican con el frío y la noche, se escucha una melodía regetonera o de aquella música que pretende despertar la conciencia y animar el espíritu, los completitos, los “as” y los lomitos, son la comida caliente que salva el apetito y levanta el bajón de aquellos que han prolongado una celebración que prometía terminar temprano, los taxis circulan con carreras dobles, en la mayoría de los casos recogiendo al cliente de otra línea de taxi, pero a quien le importa, está lloviendo y hay que llegar a casa, la calle Ogana se transforma en la improvisada y peligrosa pista de carreras de algunos autos que desafían y buscan algo de adrenalina, aún se recuerda un terrible accidente que al parecer las disminuyó, pero todavía algunos osados pilotos se atreven en la soledad de la noche, más temprano el gimnasio regional finalizó un espectáculo artístico o una competencia deportiva.
Las clases vespertinas terminan y el hambre y el frío son la compañía de los esforzados estudiantes que han decidido desafiar el destino. El último bus a la ciudad d de Aysén ya regresó, la ciudad cierra temprano, el Home Center parece una pista desolada, los autos se han ido con el cierre, algunos apresurados clientes ingresan a los cajeros que iluminan sus cabinas para asegurar la transacción nocturna.
Los hombres de calle desaparecen mascullando sus penas y gritando algo que no se entiende seguidos por un grupo de perros, la gente se pregunta dónde duermen. Por Ogana algunos canes abandonan la travesía para perseguir las ruedas de los autos, al parecer, para pasar el frío que ya se deja sentir. La fila para adquirir parafina aún no termina y los autos cargan combustible algo tarde.
Los lugares o puntos de venta nocturna de las bombas bencineras se convierten en salvadores lugares de emergencia para encontrar aquello que no se adquirió temprano, la señora de las frutas y verduras levantó el improvisado puesto de la esquina y mañana aparecerá temprano en silencio con la esperanza de un nuevo día. Las tiendas ya bajaron sus cortinas y los candados cerraron la venta del día. Las figuras de los árboles recortados y sombríos se desvanecen erguidos sobre los cerros sinuosos de Coyhaique, mientras se visten de claros y oscuros para irse a dormir, el viento los mece como testigos del día que termina su larga jornada. El cielo gris les quita paulatinamente la luz y los colores llevándolos al mundo de las sombras. El centinela del tiempo los cubre con su capa de sueños y estrellas menguadas por las nubes persistentes de la noche que releva al día. La ciudad lentamente se fue a dormir.

 

*Las opiniones vertidas por los columnistas, son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento de este medio.

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