Los microbosques: Ecosistemas pequeños, pero de gran diversidad e importancia

María José Dibán
ONG Micófilos Chile

 

Muchas veces salimos a pasear o hacer trekking a bosques, cordillera, matorrales o playas, y contemplamos el hermoso paisaje que nos rodea: los árboles, las aves, las montañas, el mar, los roqueríos, valles, ríos, entre otros. Pero nos olvidamos de los pequeños compañeros del camino, que pasan desapercibidos ante nuestras pisadas y nuestros ojos: los microbosques o bosques en miniatura. Adheridos a las rocas, entre la corteza de los árboles, en el suelo, o entre la hojarasca podemos encontrar una muy alta diversidad de especies, tanto de briófitas (plantas no vasculares y pequeñas), hongos (pertenecientes al Reino Fungi), líquenes (beneficio mutuo entre hongos y algas o cianobacterias), mixomicetos (Reino Protista, similares a amebas en su fase asexual y a hongos en su fase sexual), los cuales a su vez son el hábitat y/o alimento de muchos insectos. Además, ayudan a retener la humedad del bosque, filtran el agua, participan en la formación del suelo y ciclado de nutrientes, e incluso, los líquenes son bioindicadores de la calidad del aire.
Desde el año 2002 varios equipos de científicos asociados al Parque Omora han trabajado para rescatar y dar a conocer el valor de los microbosques, a través el “turismo con lupa”. Esta iniciativa se ha replicado en la Reserva Natural Altos de Cantillana, en el Parque Mahuida de la Reina, entre otros lugares, y consiste en “cambiar los lentes” con los cuales uno mira su entorno, y en lugar de fijarse solo en lo grande, contemplar también lo pequeño y el detalle, así, junto a una lupa observar toda la vida que alberga la corteza de los árboles, las rocas, mirar las hojas que están en el suelo, etc.
Hoy en día el turismo con lupa y fotografía de los microbosques ha tomado mucha fuerza. Sin embargo, hay que procurar intervenir lo menos posible al momento de observar y fotografiar. Muchas veces vamos con un foco de observación, por ejemplo, hongos, y al caminar solo nos fijamos de no pisarlos, pero pisamos musgos, líquenes, brotes, insectos, etc. Pero si el lente de observación fuese un insecto, un ave o cualquier otro ser vivo, entonces no tendríamos cuidado en pasar a llevar a los hongos, con tal de llegar lo más cerca posible de nuestro sujeto de interés “sea como sea”. Por lo que independientemente de lo que vayamos a contemplar al salir a la naturaleza, procuremos ser respetuosos con todo el entorno que nos rodea, pues está todo en constante interacción entre sí, y cada parte que lo compone es valiosa en sí misma. Además, hay que considerar que cada especie crece asociada a un microhábitat con un microclima específico, por lo que, por ejemplo, las especies que solo crecen en lugares muy sombríos y húmedos pueden desaparecer si luego de fotografiarla u observarla se dejan expuestas al sol y la desecación. De este modo, seamos conscientes en nuestro caminar y observar, procurando siempre dejar el menor rastro posible.

 

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